lunes, 25 de abril de 2011

¿SILENCIO O REBELIÓN? (EL ESTADO POLÍTICO EN LOCKE)

A continuación se plantean los postulados básicos de la propuesta filosófico-política de John Locke, conocido como el padre del liberalismo político.

En la época de Locke (S. XVII) ocurrían dos hechos políticos enigmáticos que motivaron la aparición de las teorías políticas modernas: la concepción y el surgimiento de los Estados tal como hoy los conocemos; y la guerra entendida como un desastre económico y un símbolo de violencia humana.

Ante estos hechos surge lo que Max Weber denomina teoría legitimadora del poder legal-racional: el contractualismo. Éste se entiende como una hipótesis, una teoría o un argumento que pretende explicar racionalmente por qué aparece la guerra y; el surgimiento y la función del Estado político. Tal corriente se opone a la monarquía absolutista y a la teoría del derecho divino.

En su obra Segundo ensayo sobre el gobierno civil (16660-1662) Locke plantea una ingeniosa ficción para explicar la situación previa a la aparición del Estado político. Tal ficción se denomina estado de naturaleza.

En el estado de naturaleza los hombres se encuentran en total libertad e igualdad. Se hallan regidos por una ley natural reconocida por la razón, lo que permite a su vez el reconocimiento de unos derechos naturales, es decir, que todos nacemos con los mismos derechos. Algunos de éstos son el derecho a la vida, a la propiedad, a la movilidad, y a no ser torturado.

Según lo anterior, en tal estado los seres humanos deberíamos ser felices y vivir en completa armonía. Pero, dado que los seres humanos tenemos deseos y pasiones (ansias de tener más de lo que nos corresponde, por ejemplo) entonces unos seres violan los derechos naturales de otros y se cae en el estado de guerra. La posibilidad de llegar a la guerra existe debido a que no hay una autoridad que lo impida, controlando las pasiones de los seres humanos.

Entonces aparece el nodo de articulación entre el estado de naturaleza y el Estado político, el paso del uno al otro: ¿cómo salir de la guerra? La respuesta dad por Locke es: creando el Estado político. La razón de ser de éste, es por lo tanto reconocer y proteger los derechos naturales de los asociados, y por ende, evitar la guerra.

¿Asociados? Sí, Locke replantea (antes, Hobbes lo había planteado de otro modo) la creación del Estado político como un acuerdo necesario y voluntario entre los seres humanos para garantizar sus derechos naturales sin necesidad de recurrir a la fuerza, e impedir su violación. A esto se le denomina contrato.

Los principios básicos del Estado político, o Estado liberal, son cuatro: una autoridad central reconocida; un juez supremo; la separación de poderes; el derecho a deponer el mal gobierno.

Para terminar este pequeño escrito, me interesa detenerme en este último principio planteado por Locke, para poner en duda o en reflexión la situación actual mundial, latinoamericana, colombiana, regional, local o institucional.

Un gobierno que viola o permite la violación de los derechos naturales de sus asociados está yendo en contra de su misma razón de ser, y por ende, se considera como un Estado injusto o ilegítimo. De este modo, si los asociados consideran que un gobierno es ilegítimo, están en su pleno derecho de rebelarse contra éste y de deponerlo.

¿Desaparecer? Sí, debe entenderse que el Estado no es una cosa natural, sino un invento de la cultura, del hombre, y por tanto puede cambiar o desaparecer. No desaparecer por capricho o rebeldía infantil, sino porque está incumpliendo su razón de ser, porque está rompiendo el contrato “firmado” por sus asociados para lograr un beneficio común, no una violencia mayor.

De modo que no pretendo responder las siguientes preguntas, sino ponerlas a su consideración para que reflexionen. ¿Por qué soportamos un mal gobierno? ¿Por qué no nos rebelamos contra los que violan nuestros derechos, siendo ellos mismos quienes deberían garantizarlos? ¿Por qué en esta república soportamos la corrupción, los crímenes, los atropellos, la satisfacción de los intereses privados y el pisoteo de los colectivos? ¿Por pereza, miedo o desinterés? ¿Por qué nos quedamos callados como si no pasara nada?

Ah, se me olvidaba lo que comentaba Vladdo (2002) en una de sus caricaturas: “En Colombia como en Macondo nunca pasa nada: todo se repite”.

David Antonio Rincón Santa

lunes, 21 de febrero de 2011

REALIDAD DESNUDA

“Contra la fugacidad, la letra. Contra la muerte, el relato.”

Tomás Eloy Martínez


Como si fuera tan fácil decir que el lenguaje crea la realidad[1], como si por el mero hecho de yo contar lo que sigue comenzara a existir, como si no fuera posible imaginar y desvariar para narrar una realidad que en el día a día no existe, que sólo puede ser vivida en esa expresión olvidada, y no por eso menos real: en el noche a noche. Ése que disfrutamos teniendo sexo, despilfarrando el sueldo mísero de pequeño-burgueses de nuestros progenitores, caminando sin rumbo, manejando a más de 100 km/h para encontrarle un sentido a la vida que desde que nace no tiene otro rumbo más fijo e inevitable que la muerte.

Es como si toda tu vida no fuera la realidad, sino un gran sueño lleno de lujos, comodidades, problemas más matemáticos que existenciales; dinero a la mano y comida caliente; juguetes que luchan por no ser desbancados de su “cuarto de hora” y enviados al exilio de una habitación donde ya no hay suficiente espacio para tanta basura; una vida y un amor, el primer amor, esa bella mujer que se te acerca lentamente con plena intención de hablarte de amor besándote, ya casi puedes sentir su dulce aliento y la proximidad húmeda de sus labios...y te pellizca la atrocidad para despertarte del sueño y caer de lleno en la realidad, enfrentarte al monstruo que dentro de ti yace reprimido.

Esos monstruos que la sociedad se ha dado el lujo de marginar izando la bandera de un tipo de vida que promulga libertades y paradójicamente reprime cualquier intento por tratar de liberarse de tal estilo de vida. Ése que nos gusta a todos, ése que vemos tan común y corriente. Despertarnos con una alta probabilidad de no querer vivir, con la pereza y el tedio que trae consigo la monotonía de la vida. Bañarnos con abundante agua, jabón y champú, para que nuestra piel respire y nuestro cuerpo se cubra del aura propia de la salud[2]. Según como el tiempo, el devenir y el azar nos permitan, podríamos tener una fugaz introducción de vitaminas, o un paciente desayuno calentado por la tibieza hogareña y familiar. Luego ir a estudiar o a trabajar, encontrar las mismas caras, presionar las mismas teclas, realizar las inmutables llamadas, saludar a la misma secretaria y agachar la cabeza ante el mismo jefe, repetir como gallinas lo que dice el profesor y no tomarnos la molestia de pensar. Más tarde la noche...la noche en que la luna ha decidido por fin salir de su oscuridad y vestirse de un cuarto creciente para acompañarme...

El sol se rinde ante una ciudad que lo ahuyenta con un festival insoportable de pitos y conductores desesperados, silencios escondidos y desconocidos, gritos que los vendedores pronuncian como Grenouille's bebés aferrándose a la vida, caravanas fúnebres que rinden culto a la muerte, y zonas de neonatos que pregonan el nacimiento a punta de palmadas y sollozos permanentes. La luna diligente se alista tras las montañas, se ajusta sus pecas y decide abrirse camino entre tristes nubarrones que pregonan llantos e inundaciones.

Hoy asciendo por la misma escalera de la estación del metro por la que descendí esa noche cuando todo, para mí por lo menos, estaba consumado. Hoy asciendo de la mano de esa multitud errante, que no huye de la violencia como lo contaba Laura Restrepo, sino que huye de sí misma, le huye a su sentido o tal vez lo busca en vano. Esa noche no había multitud, y por mucho que lo intentara esclarecer, el sentido estaba desdibujado por un aparato sensorial atónito, impresionado, anonadado, embebido de una miel que se debate constantemente entre la amargura y la dulzura, entre lo humano y lo animal, entre una felicidad absurda y una tristeza cada vez más real, la miel viscosa que nos cubre desde que nacemos y poco a poco se nos va escapando de la piel hasta terminar convertida en un vaho sin sabor, la miel de la vida. Y la sensación de soledad estuvo tan presente esa noche que no había nadie, como lo está hoy mientras camino junto a la multitud; razón tenía Goethe al afirmar que “...en ningún sitio se puede estar más solo que en medio de una gran multitud en la que uno se abre camino”[3].

Miro hacia atrás y ahí está la luna, la compañera de mi viaje, la observadora incansable, la espectadora que admirada derrama sobre las calles una luz gris y límpida que inunda poco a poco cada sucio rincón, pero que se olvida de ese rincón...Y ahora ya no está blanca, está un poco más grande y amarillenta, un tanto descolorida, como la foto en sepia de una luna milenaria y astral que no se ha cansado de acudir noche a noche a esta realidad itinerante y contingente, que no se ha cansado de velar hombres y mujeres. "¿Un poco más grande y amarillenta?", me repito para mis adentros mientras escribo y reflexiono. ¿Se habrá fumado un bazuco o seré yo quien deformo mi realidad por los vestigios de la droga que me saludó esa noche de reojo, o quizás ambos, la luna y yo, entramos juntos al carnaval que se celebraba esa noche en ese rincón...?

Desde la calle diviso la promesa de luz al fondo del corredor, ese corredor de repente desaparece y la promesa de luz se convierte en un enorme y sofocante palacio. A mi alrededor voy encontrando seres de otro mundo, seres que en la noche pueden realmente vivir, que en esta “olla” pueden disfrutar de la libertad que la marihuana les negocia a cambio de su sueldo, la droga que un día compraron y que, sin darse cuenta, le vendieron su alma al diablo. Un piso que no conoce la limpieza ni en sueños, paredes de ladrillo labradas por las sombras y manchadas de pasado, habitaciones más oscuras que el ser, sin memoria y sin recuerdos. El gran laberinto de la vida y la muerte, donde se mezcla la razón y la ilusión, donde la realidad se atomiza en millones, o simplemente se mezcla con la ficción, un laberinto que se expande a lo ancho y a lo alto. Cruzo a la izquierda, luego a la derecha, más tarde a un lado, luego al otro, subo y bajo escaleras de dos o muchos peldaños, asciendo y desciendo, toco el cielo invisible con la mirada y empuño la mano para agarrar el infierno que se vive en este mundo, y no después de la muerte como muchos se atreven a evangelizar.

Salgo de allí y dejo tras de mí la nube que me acarició, o creo dejarla porque el olor persiste. Una nube más de bazuco que de marihuana, una nube que intento descifrar, determinar con mi olfato su composición, y lo poco que logro recordar es que huele fuertemente a orina con chocolate. Sí, orina de hace muchos años encerrada en un sanitario sin vida, chocolate en su más dulce y puro sabor. Salgo de nuevo a la calle y respiro un aire un poco más puro, más saludable para mis fosas nasales, el aire límpido y frío de la noche. Salgo y entiendo un poco más el porqué les llaman “ollas”: son los lugares donde a una temperatura muy elevada se cocina la vida, se hierve la muerte, se mezcla con libertad, se le agrega una cucharadita de vivir la propia vida y no mirar a nadie, se revuelve con unos dedos negros de fumar, se tritura todo con mucho cuidado añadiendo un par de no-me-importas; y se inserta en el tubo verde que tenía el jugador de cartas del último piso, se aspira con fuerza para que el cerebro logre respirar y se exhala el humo que, tan efímero como la vida, desaparece en la nada.

Allí, en ese rincón, me encontré a mí, te encontré a ti, encontré a todos los que leen esto e incluso a quienes nunca en su vida leerán estas palabra, seres como tú o como yo; pero a la vez, no vi a ninguno: porque esos rostros no eran similares a los suyos, su aspecto físico poco podría parecerse con el de alguno que permanezca sentado en su cubículo repasando estas líneas. Lo que encontré fue sus –nuestros– miedos más profundos, sus deseos más ocultos, sus fueros netamente internos y tal vez desconocidos o reprimidos, hallé una cantidad casi infinita de monstruos, aquellos que al observarlos “...se nos revela una parte de nosotros mismos que desconocemos”[4].

Porque la ciudad no vive una sola vida, no somos sólo aquéllos que andan en sus autos o motocicletas, aquéllos que ignoramos el paisaje y dejamos de sentir atendiendo al ánimo de movimiento que nos obliga a separarnos de la realidad, a enajenarnos en una burbuja de frágil cristal que rara vez es penetrada. Somos también lo que no queremos ser, lo que evitamos a toda costa porque nos revela el lado opaco de la moneda, el loco, el asesino, la oveja negra que todo ser humano lleva adentro, la oscuridad en la que rara vez entra luz, la supuesta mentira que no queremos aceptar por estar en una búsqueda interminable de una verdad prometida que se destruye a sí misma en tanto inalcanzable.

David Antonio Rincón Santa, estudiante Ciencias Políticas



[1] “La realidad crea el lenguaje”: tomado de los planteamientos de Wittgenstein

[2] Ideas desarrolladas por Richard Sennett en su libro Carne y piedra

[3] SENNETT, Richard. Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occiedental. Alianza editorial. Madrid. 2002. p. 293

[4] CORTÉS, José Miguel. Orden y caos. Editorial Anagrama. Barcelona. 2003. p. 26


domingo, 23 de enero de 2011

Documental sobre la OBSOLESCENCIA PROGRAMADA - ( COMPRAR, TIRAR, COMPRAR )

El consumismo acelerado por la obsolescencia programada. ¡Que desperdicio!

viernes, 10 de diciembre de 2010

CIUDADANO FRUSTRADO

Fracasé en todos mis intentos por ser un buen ciudadano, por portarme según lo que mandan las leyes, sean o no las de ese viejo barbudo sabelotodo. Pero ¡ya no más!, ¡me cansé! Esto no es otro tonto tratado de teología, muchos menos una firma más de otro contrato social, tan abstracto como inútil. Aquí no voy a hablar de respeto y amor al prójimo. ¡Me cansé!

Desciendo del auto que ha dejado enfrente de mi casa. Empujo un poco la puerta que los ladrones han dejado abierta. Sin mucha prisa asciendo por las escaleras y cada peldaño recuerda mis olvidos, ¿u olvida mis recuerdos?

Con dificultad logro llegar a la cima donde los ladrones han dejado un Jesús vuelto Cristo llorando. Me increpa desde la cruz a escupirlo; y debí haberlo hecho pues odio la imaginería religiosa, pero decido mirarlo fijamente.

    • ¿Qué te sorprende? – pregunta su mirada.

    • La cantidad de crucifijos diseminados por el planeta y la falta de amor que los acompaña...Como si en lugar de retener el mal, lo propagaran... – digo y me detengo de repente.

    • ¿Qué sucede? – me incita – ¿No eres capaz de mirarme a los ojos para decirme tales barbaridades? Sabes muy bien que nada de lo que ahora pasa es mi culpa...

    • Lávate las manos, al fin y al cabo es lo más sencillo – me acerco un poco más para mirarlo eternamente y ver el reflejo de mis ojos ardiendo en los suyos –, o respóndeme, ¿dónde estabas cuando sucedió? Si tanto te invoqué en esos momentos, ¿por qué no apareciste miserable?

    • ¡Otro idiota! – me interrumpe – Con razón la situación actual, ¿crees que rezando te ganas algo? ¿Qué esperabas, que bajara el Espíritu Santo con lenguas de fuego para que los quemaras, que el río de automóviles se abriera como las aguas del río Jordán para que tu pudieras huir, o que yo me bajara de la cruz y les mostrara mis llagas para que se asustaran?

No lo soporto, continúo mi camino. Me abro paso entre las sillas, que ahora me resultan inútiles, que me impiden cumplir mi destino.

Llego al cuarto que ahora pone cara de extraño, levanta una ceja pero no logra entender mi situación; a fin de cuentas sólo quien vive tal cosa puede sentirse tan impotente.

Abro la puerta del ventanal por donde suele asomarse el sol. Salgo a la terraza donde diviso la gran noche. La espléndida noche. Ésa compuesta de nubes pero no de una luna porque la luna se la han robado..dizque bendice a tu prójimo... ¡Benditos sean ladrones por robarnos la luz de la luna! (que hoy debería estar llena pero la han vaciado). Y de paso, ¡benditos ladrones porque nos han robado la luz pública y todas las entidades de servicios públicos!

Diviso el panorama. El valle de Aburrá. Medellín, Bello, Itagüí, Envigado... ¿lugar de Dios? Y observo un poco más allá, en las colinas, en las montañas invadidas de pequeñas bombillas que van encendiendo su luz al ton y al son de la noche. Ese mundo de casitas que se han robado el paisaje, que han cmabiado el panorama...han reemplazado la naturaleza por hogares para que habite la digna meleza humana.

Y en una de ésas, en uno de esos focos de luz debe habitar el ser que hoy se atrevió, el que giró la ruleta al azar para que la bolita me cayera a mí, hoy a plena luz del día, cuando el Sol imponente se alzaba con su vestidura de mediodía y Dios impotente observaba lo que sucedía.

No he conocido ser más cínico – ¿él o Él? –. De hecho los nervios no me dejaron concentrar y mi memoria en este instante no distinque ni recuerda su rostro. Rojo; el semáforo en rojo precedió mi desgracia. Todo sucedió en contados instantes. La moto se acercó inmiscuyéndose entre la bandada de autos que esperanzados ansiaban el cambio del semáforo. Sacó su revólver...entregué mi celular, las gafas de sol de buena marca que protegían mis ojos...y la cadena, la que mi papá me dió cuando me gradué. De la cual colgaba el cristo que había sobrevivido años antes cuando a mi papá le arrancaron del cuello la camándula de la que pendía.

Me imagino ahora sacando un revólver de mi bolsillo trasero. Esta noche le apunto a la ciudad, a una y todas las casitas-bombilla que se han robado el paisaje. Aprieto el gatillo para que salga la bala sin-rumbo y sin-sentido, tan similar a la vida. La vida es como una bala. Un día salimos disparados sin darnos cuenta, no sabemos hacia donde ir. Nos vamos gastando sin justificación alguna, hasta que cierto día elegimos, o la fortuna lo hace por nosotros, terminar estampillados en algún ataúd.

De modo que disparo a la ciudad culpable, a la que me ha robado, a la que me ha degenerado y me ha llevado de la mano por la senda... ¿correcta o incorrecta? Ya no puedo saberlo. Esa ciudad que frustró mi intento por ser un ciudadano, ciudad ladrona y asesina. Disparo en símbolo de lo que no pude hacer: contratar a un sicario, dirigíendome a una oficina para pedir permiso (como si la Muerte lo hiciera), hablarles de lo sucedido y dejar que las cosas fluyeran; que el semáforo de Envigado cambiara de rojo a verde y nadie se diera po enterado de lo sucedido: que me robaron cosas de valor, pero no me robaron lo más valioso: mi vida.

De modo que le disparo a la montaña, no mato a nadie, eso no es de seres humanos, no sean estúpidos, no le busquen justificación a lo injustificable: un asesinato, la idiotez humana en su más alto nivel. Y mientras disparo presiento a los ladrones que dejaron la puerta abierta, se acercan cada vez más al ventanal, cada vez más a la terraza. Un ladrón dizque policía que porque yo mandé matar a un tal sicaro Sin-nombre con número de cédula cien millones cuatroscientos noventa y a nadie le interesa. Otro ladrón de un tal Monasterio San Asesinos Católicos que porque en este país no se aceptan ateos... (tal vez por eso el crucifijo de enfrente de las escaleras soporta ahora el frío del piso. Lo han tumbado porque a la luz de la cristiandad actual el Cristo Real es un verdadero ateo contra-corriente).

Y con tales engendros de ladrones detrás mío, analizo la ciudad muerta, asesinada por un balazo de mi revólver. Mientras mueren muchas Vidas y viven muchas más Muertes.

David Antonio Rincón Santa


viernes, 3 de diciembre de 2010

MALDITO MAREO

Hace mucho tiempo que no escribo, y no sé si es porque me faltan ganas o porque creo que no escribo lo suficientmente bien. No porque no tenga temas para escribir, porque si hay millones de libros escritos, aún quedan muchísimos más por escribir...siempre habrá algo de qué hablar. Pero hace poco, un par de cosas me motivaron a construir relatos, cuentos, diálogos, no sé como llamarlos, en todo caso, escritos en compañía.

Primero, hay que aprovechar ese vicio fútil que me carcome lentamente, mi adicción a este computador del cual publico, en el cual escribo. Y más aún: Messenger (o como se escriba, la verdad no me interesa). Entonces decidí poner en práctica un ejercicio que conozco gracias a una profesora de inglés. Alguna vez en la clase de segundo idioma hacíamos tal dinámica, como para ponerle un poco de ritmo a las clases magistrales, y abandonar el tedio que muchos de nosotros sentíamos al darnos cuenta después de un suculento recreo que tocaba ver Inglés.

Casualmente, tomé la decisión de hacer el ejercicio con unos estudiantes de noveno, pero en español. Tal cosa sólo sirvió para darme cuenta de la mente tan vacía o retorcida, lo mismo a la larga, que tenían personas de 14 años o quizás un poco más. Me reí un poco, debo admitirlo, pero a fin de cuentas todos los escritos trataban de un tema muy muy específico: Sexo, sexo, algunas veces de sexo, otras de sexo, algún idiota por allí hablaba de maricas, de gays, de lesbianas, travestis, de zoofílicos, necrofílicos, de sexo con animales, de penes, de vaginas...sexo, sexo y más sexo. ¡Ah, qué idiota soy!, olvidé mencionar otro tema distinto...sexo.

Pero no puedo omitir un pequeño detalle. Una amiga que allí tengo, de las mejores, debo decirlo, y no por eso la voy a alabar ni mucho menos, tan solo cuento la anecdota para que ustedes saquen deducciones; una amiga, como venía diciendo, decidió empezar su relato hablando de un país en el cual no se cumplian las leyes. No es que ella se dé cuenta de la realidad de Colombia ni mucho menos, no me refiero a eso. Su compañera inmediata se le tiró el cuento, se lo cagó en pocas palabras, y de ahí para atrás todos sintieron la misma injustificada repulsión y hablaron de...(adivinen)...si estaban pensando en sexo, se equivocan.

Entonces decidí escribir con algunos conocidos que me parecen interesantes por medio de MSN, y que tienen una teja corrida. Quizá ya no soy capaz de escribir solo, quién sabe. Y ahora les presento la colección de escritos en compañía, la cual inicio con el co-dueño de este blog: Daniel Echeverri.

David Rincón y Daniel Echeverri.

MALDITO MAREO



Maldito mareo

Sofocante, insoportable, deprimente. Lo detesto y no soy capaz de mirarlo a los ojos porque se burla de mí. Se mofa de lo que ahora soy y mañana no seré. Se ríe a carcajadas porque sabe que ningún Dólex me curará de esta horrible jaqueca de saberme muerto desde que nazco

Los días con jaqueca y terribles arcadas ya se me hacen insoportables. No recuerdo ya el último día en el que estube, si quiera un minuto bien de salud. Creo que me tocará acostumbrarme. Ésa es la vida.

Todo es costumbre, todo es resignación. Todo es aprovecharte del mal sabor que deja la imposibilidad de manejar lo que no podemos controlar. El futuro

Con el cual juegan millones de personas en televisión, con caritcas y velitas. El cual destrozan millones de transeuntes animales que actuan solo por su beneficio. El cual se ve enfocado en solo eso: en el futuro

Un futuro para el futuro. ¿Acaso hemos pensado en un presente para el presente o, en un pasado para el pasado? Negativo. Más bien es un presente para el pasado. Vivimos el presente anclados al pasado, no podemos olvidar y mucho menos perdonar. Pero mañana soñamos, pasado mañana nos ilusionamos, y así sucesivamente hasta que llega un presente inesperado e inescrutable que se llama muerte

Que maldito mareo, ¡que delirio!. Ya estoy pensando otra vez en cosas raras y complicadas. Extraño es que de un simple sintoma de mi decaida como endeble ser humano, broten tantas ideas que tienen un fin objetivo, ¿esto será metafísica?

Tal vez, aunque no me atrevo a afirmar nada. Porque de ello no me queda claro qué es metafísica. Si me atengo de la etimología (más allá de lo físico) cualquier cosa que piense, que no exista, es metafísico. Pero un momento, antes de resolver la cuestión de si lo que pienso es pura metafísica. ¿Qué es metafísica?

La metafísica es un poema hermoso, pero que no tiene el fin de poema que tienen los demás poemas. Es un ente sin fin. Maldito mareo: hablo solo y preocupado por temas que no tienen cavida en este momento.

Sí, no tiene cabida porque al fin y al cabo, pensar, escribir y leer son ocupaciones sin fín. Mejor dicho no sirven para nada en este mundo utilitarista, a la hora de construir un edificio poco ha de servir la preocupacion por mi existencia, tan poco como habrá de servir la inexistencia de dios

Pero que circulo vicioso de mierda. Está bien, lo acepto, disfruto todo esto. El deliro, el encierro, que maravilla poder estar solo, morir sin nadie.

Pero no puedo afirmar nada sobre mi muerte. No sé cúando será, tampoco cómo será, ni dónde será --a menos que me suicide-- tan solo sé que será. Mientras vivo, me dedico simplemente a vivir la vida, a gozarla, aferrándome a ella como si la fuera a repetir una y otra vez durante la eternidad.

Oh valla parece que despierto un poco: el mareo se disipa, el gusto vuelve a mi boca. En qué diablos andaba pensando. Cuan equivocado es el delirio en el que me sumergí. Cuántos Colombianos no están en delirio igual que yo. Maldita jaqueca. Maldita enfermedad. Todo es culpa del entorno. De el "acondicionamiento"

Al tiempo que me siento profundamente bien conmigo mismo, ahora más yo, ahora más despierto; me distrae pensar en la cantidad de gente que aún continúa dormida. Que aún sale de casa, enciende el carro, va al trabajo, trabaja, vuelve a casa, saluda con una falsa sonrisa la jauría de conejos que ha parido, se sienta en el sillón y vé televisión. Y siguen pensando que eso es la vida, que tal cosa es lo maravilloso de la existencia

Probres imbeciles. no saben lo que es sufrir y por eso no hacen nada al respecto, no hacen nada ante la barbarie.

Por eso cuando sufren, lo hacen para que todo el mundo se dé cuenta, exageran el sufrimiento, brotan lágrimas de mentiras, se derrama su falso maquillaje, se les cae la cara de la verguenza. Por eso disfruto tanto verlos, porque logro reirme y desestrezarme un poco

Para saber que ni sufren. No lo saben. No saben que es la vida. No tienen un fin. El ser humano actual es pura metafísica.

lunes, 25 de octubre de 2010

ESTA NOVELA PASA MAÑANA



“En cambio, la vida urbana de Iberoamérica es el espejo fiel de una situación generalizada de injusticia económica y de deformación social”

Carlos Fuentes


A partir de la literatura creo fehacientemente en la transformación de la sociedad, partiendo primero que todo de la crítica, directa o indirecta, a la actualidad. Tal vez por eso la obra que pretendo criticar me atrapó sin siquiera conocerla, me enteré de que hacían referencia a los falsos positivos. ¿Y esto qué tiene que ver? En mi opinión, raya en lo increíble, que un escritor mexicano se sienta más comprometido con la realidad de mi patria, que la cantidad de periodistas y novelistas inútiles que ha parido esta tierra. Me atrae raramente aquello que critica, sobremanera aquello que critica lo que tengo más cerca.


A continuación se presenta un comentario crítico de la última obra de Carlos Fuentes, Adán en Edén. En la obra se yuxtaponen dos historias de dos personajes que comparten el mismo nombre, el mismo del primero hombre, Adán. Gorozpe se encarga de mostrar el arribismo característico de la clase media latinoamericana, quien a su vez es intimidado y perseguido por Góngora. Una obra encargada de mostrar las no tan aparentes incongruencias de la forma como funciona el poder y la política, conjugada con la historia personal de un protagonista. La lectura se encuentra atravesada por un eje fundamental de la cultura: la fe, componente humano que atraviesa una fuerte crisis en la actualidad.


Esta obra de Fuentes resulta desde muchos puntos de vista, bastante rica. Para comenzar, me parece pertinente resaltar la crítica literaria del autor, y la introducción de la misma en la obra criticada. En el capítulo inicial de Geografía de la novela Fuentes desarrolla una idea del siguiente tipo: la esencia de la novela consiste en decir aquello que aún no se ha dicho, territorio mucho más vasto que aquel en el que ya todo está dicho y consignado, “La novela ni muestra ni demuestra al mundo, sino que añade algo al mundo”.

Por otro lado, en el mismo capítulo habla acerca de la importancia del lector, en tanto es quien crea el libro. Una obra literaria no es nada sin alguien que la lea. Por eso “Hay lectura. El lector es el desenlace”. De ahí que el valor de la obra leída desemboca en el gran significado que adquiere para el lector, como acercamiento a la realidad mexicana, y la misma como mapa a escala de Iberoamérica.

Por otro lado, la vida del personaje principal de la obra se encuentra dividia en dos: la personal y la profesional, ambas narradas desde una maravillosa primera persona. Digo maravillosa, porque no hay nada como sentirse identificado con el personaje, o por lo menos sentir que el lector es una especie de personaje, no como en aquellas obras con narración omnisciente en las cuales nos convertimos, los lectores, en pequeños diosesitos que creen saberlo todo.

La vida personal pone al lector a reflexionar ampliamente sobre el arribismo, no solo en México. Casarse con alquien para hacerse rico, es tirar por la borda la verdadera felicidad. De ahí que Adán tenga una relación extramatrimonial. La cual sin embargo, tiene algo de injusticia, pues ella sabe absolutamente todo de él, mientras él apenas conoce de ella su nombre. Pero tal situación es fascinante, “¿Por eso nos llevamos tan bien? ¿Porque sólo vivimos en el presente, para le presente?”: “Amantes del momento. Amantes sin pasado”.

Por el lado de la vida profesional se hae mención a su nombre para hablar de su creación: las Gorozpevillas. Porciones de ciudad en las cuales se encarclea y se reconcentra la miseria para limpiar la ciudad. Esto parece un poco descabellado, aunque el toque verdaderamente terrible lo pone su contrincante: Adán Góngora. Este sí que es un despiadado, un inhumano, un cruel animal que con tal de mostrar cifras y de hacer la ciudad más segura, se encarga de represar miles de personas que nada tienen de peligrosas, y de asesinarlas como a ratas, “Estos seres a los que ahora apresa, encarcela y maltrata acusándolos de vagos, malhechores y lacras sociales, cuando todos saben que la mayoría son gente de clase media media o media baja que perdió empleos, ahorros, apartamentos y no tuvo más remedio que venirse a vivir a las ciudaes perdidas de los aledaños de la capital.”

Allí parece dibujarse la imagen del presidente colombiano que acaba de abandonar el poder luego de ocho años de seguridad y sangre. A él y a su ministro de defensa, hoy presidente de Colombia, se les atribuye el gran invento encargado de aumentar la cifra de guerrilleros muertos para demostrar la efectividad de su programa de seguridad. ¿Y dónde está la gota de petróleo que contamina estas aguas? Pues que desgraciadamente, muchos de los supuestos guerrilleros, son jóvenes humildes que nada tienen que ver en el conflicto, que tuvieron la desdicha de nacer en un país encargado para marginarlos, y si cuentan con mala suerte, asesinarlos con tal de hacer de ésta, una patria más segura.

Civiles que un día no regresan a la casa y que resultan muertos vestidos de guerrilleros, ¿”falsos positivos”? ¡Qué inhumanidad!, además de todo lo hacen sonar bonito. En la novela uno de los personajes atraviesa la difícil situación de tener un hijo inocente asesinado por el Estado para demostrar seguridad, y dejado en la impunidad. Fuentes aprovecha para meter la cucharada y recordar el lado oscuro del expresidente Uribe, y del presidente Santos:

“Recuerdo que en Colombia se dio el caso de los llamados “falsos positivos”, o sea ejecuciones extrajudiciales de jóvenes presentados como guerrilleros con el propósito, mortalmente estadístico, de demostrar que la fuerza pública actuaba con eficacia contra la guerrilla. Cuando no se capturaban guerrilleros, se improvisaban cadáveres de jóvenes inocentes y se presentaban como “guerrilleros” –como eran jóvenes muy humildes, se los devolvían a sus familias. ¿Quién iba a protestar? ¿Quién iba a demandar? Mi jardinero tampoco.”

Por último me parece fundamental hablar del eje que atraviesa toda la obra: la fe. Y no sólo la obra literaria, sino la historia de México y de toda la cultura Iberoaméricana. Debido a que “Andamos sin rumbo. Hemos perdido la fe en todo”, se hace necesario un Niño Dios que le abra los ojos a la gente, y para darle el toque final, una Virgen de Guadalupe que confirme ese gran mito, esa gran mentira, la existencia de santos.

Primero, al tal Niño Dios es un niño común y corriente, que se encarga de hacer reflexionar a las personas mostrándoles lo inmanente, que este mundo va cada vez más en decadencia; cosa que cualquiera de nosotros podría hacer a la perfección si observara un poco la realidad. Y por último satiriza al máximo la fe, poniéndole como condición de funcionamiento y credibilidad el dinero que esta tanto detesta y rechaza. ¡Qué gran ironía, qué gran realidad!: “...la causa del Niño y la Virgen requiere no sólo fe, cuñado, sino dinero. Lana. Morlaca. Pesos y centavos para propagarse. Eso, por desgracia, no lo da Dios.”


El hecho de que la obra tenga unas escasas 178 páginas no aminora su gran calidad. A pesar de que algunos detalles dejan al lector “mirando para el techo”, es decir, sin explicación o interpretación alguna; la profunda y ácida crítica que se hace a la sociedad, a la política, a los insulsos valores familiares, a la seguridad, al papel de la literatura, a la religión, y a la estúpida fe, todo esto y aún más hace de Adán en Edén, una obra digna de estar en una biblioteca, y aún más: en las manos del lector que la crea y le dá valor.